Un poema de "Ardieron ya los sándalos".


 PRESENTIMIENTO



Dices a veces: mira,
ese pobre milagro que circunda
los ya cansados muros de la casa
es nuestro gran paisaje,
nuestra viva acuarela,
la verde sucesión de nuestra horas
repoblada de adelfas y geranios.

Dices a veces: mira,
ya florece el espino,
ya está como la nieve.
Ha crecido tan fuerte, tan deprisa,
que ya cubre la tapia y nos aleja,
oculta nuestras voces, nos consagra
en esta soledad de llamaradas.

Dices a veces: mira,
lo habitaron los pájaros,
regresan cada tarde
con un miedo de sombras y huracanes
ardiendo entre sus alas,
con tanta sed de luz como nosotros,
con tanta sed de luz.

Y yo te digo: sí,
es nuestro gran paisaje,
nuestro pobre milagro.
Lo hemos ido naciendo cada día
como quien se construye
una larga y humilde primavera,
casi sin darnos cuenta,
dejándonos la vida en cada brote.
Lo habitaron los pájaros,
ya florece el espino, las adelfas…

(Y una noche invisible
inunda mis palabras lentamente,
como si fuera un viento de campanas,
como si fuera un llanto.)


 (Del libro "Ardieron ya los sándalos", Colección Adonais, Madrid. Incoporado al Blog el 22 de noviembre de 2016)