Un poema de "La mirada intramuros"






CRÓNICA DE UNA MAÑANA OSCURA




            …Federico García Lorca dejaba la sensación
            que puede ofrecer un árbol lozano,
            un río encrespado, una mañana luminosa.
            
                                                         Juan Marinello.



No puede haber mañanas luminosas
cuando el odio se adueña
de los inquietos cauces de la sangre,
cuando el horror se hermana a la locura
anegando los campos, hendiendo las espigas,
invadiendo los sueños centenarios
de pinos y de olivos…
Madrugada.
                      El leve respirar
de los últimos trazos de la noche. 
Un rumor de presagios en las sombras.
Allí, junto a la Fuente Grande
que antaño fuera “fuente de las lágrimas”.
Allí,
maniatado, de espaldas,
sin palabras, sentencias ni razones
-no se encuentran palabras,
sentencias ni razones para el crimen-
llevado a su destino
entre el torvo sigilo de las sombras,
bajo el aliento fétido
de nuestra vieja envidia,
nuestros viejos miedos,
nuestro viejo desprecio a todo lo que sea
distinto, incomprensible, inalcanzable…
Allí…
          Silencio… 
la carcajada vil de unos disparos…
El vuelo de la muerte
como lenta humareda disipada en el aire,
los golpes de unos cuerpos,
peleles del rencor y de la infamia,
al caer derruidos en la tierra.
Los asombrados ojos de un poeta
abiertos de preguntas 
las preguntas que nunca nadie quiso escuchar,
las preguntas que todos quisieron olvidar.
Allí…
             Silencio…                                      
         Más silencio…
(Sólo el fragor de un coche
huyendo en la negrura).
Allí, en aquel hondo
paisaje de tragedia,
comenzaba despacio a despertarse
una de las mañanas
más tristes, más oscuras
                  de la poesía universal.



Del libro "La mirada intramuros”, Huerga & Fierro Editores, Madrid. © Antonio Porpetta. Autorizada su reproducción total o parcial, citando autoría. Fecha incorporación al blog: 14 julio 2016.